El punto de partida
Una tienda de ropa de barrio con buena mano para elegir prendas y una cuenta de Instagram que funcionaba. El problema era todo lo que venía después. Cada venta empezaba con un “¿tienes la M?” por mensaje directo, seguía con un Bizum y terminaba con un paquete en Correos. La dueña apuntaba pedidos en una libreta, vendía tallas que ya no tenía y perdía horas cada tarde contestando lo mismo: medidas, plazos de envío, cómo devolver. Las fotos de las novedades se hacían con el móvil, deprisa, y las descripciones casi siempre se quedaban en el “preguntar por privado”. Vendía, pero el negocio dependía de que ella estuviera pegada al teléfono.
Qué hicimos
Montamos una tienda en Shopify con variantes de talla y color, stock por prenda y pasarela de pago con tarjeta, Bizum y PayPal. Conectamos el catálogo con Instagram y TikTok para que cada publicación lleve a la ficha correcta. Para las novedades, preparamos un flujo con IA: a partir de una foto sencilla sobre fondo neutro, genera imágenes de producto limpias y propone una descripción con medidas, tejido y consejos de talla que la dueña solo revisa y publica. Definimos una política de cambios y devoluciones clara, con un formulario que genera la etiqueta de vuelta. Y automatizamos WhatsApp y los mensajes de Instagram para las preguntas repetidas, con derivación a ella cuando el cliente pide algo concreto.
Qué cambió
El trabajo que antes ocupaba las tardes ahora lo hace la tienda. Los clientes ven qué tallas quedan, pagan solos y reciben el seguimiento del envío sin preguntar. Las novedades salen el mismo día que llegan al almacén, porque las fichas se preparan en minutos. Las devoluciones dejan de ser una conversación y pasan a ser un formulario. En un caso así, es razonable esperar que el tiempo dedicado a gestionar pedidos baje de forma drástica, que se publiquen bastantes más prendas por semana y que las ventas fuera del horario de atención crezcan, porque ya no dependen de que alguien conteste. Instagram sigue siendo el escaparate, pero ahora hay una tienda detrás.
Caso de ejemplo: negocio ficticio basado en situaciones reales.
