El punto de partida
Una tienda de productos gourmet con buen producto y una clientela fiel que compraba cestas en Navidad y poco más. El resto del año dependía del paso de la calle. Tenían un listado de correos de clientes en una hoja de cálculo y mandaban un boletín cuando alguien se acordaba, sin saber quién lo abría. La web era un escaparate con fotos y teléfono. Los dueños sabían que su mejor cliente era el que ya había comprado, pero no tenían manera de mantener el contacto ni de ofrecer algo recurrente. Querían vender todo el año y convertir a los clientes de una vez en clientes de siempre.
Qué hicimos
Montamos una tienda con WooCommerce, con pasarela de pago, envíos refrigerados por zonas y un apartado de suscripciones: una caja mensual con selección de productos, en tres tamaños, con pago recurrente, pausa y cambio de dirección desde la cuenta del cliente. Conectamos la tienda a una herramienta de email marketing y preparamos automatizaciones: bienvenida con descuento, carrito abandonado, aviso de novedades, recordatorio antes de la caja del mes y una campaña de reactivación para quien lleva tiempo sin comprar. La IA ayuda a redactar los textos de cada campaña y las fichas de producto a partir de notas breves del equipo, y propone qué productos recomendar a cada cliente según lo que ha comprado.
Qué cambió
La tienda tiene ingresos recurrentes cada mes, no solo en diciembre. Los suscriptores descubren productos, los compran sueltos y los regalan. Las campañas se preparan en una hora, salen a tiempo y van a quien tiene sentido. En un negocio de este tipo es razonable esperar que las ventas fuera de campaña se dupliquen con el tiempo, que la tasa de clientes que repiten mejore de forma clara y que el email pase de ser una tarea olvidada a ser el canal que más vende después del escaparate. Y los dueños siguen eligiendo los productos, que es lo que saben hacer.
Caso de ejemplo: negocio ficticio basado en situaciones reales.
